Ayer, sentí de 5 diferentes maneras, como en mi interior se producían sensaciones de dolor, confusión y desamparo; 4 situaciones más 1, provenientes de diferentes ámbitos de mi vida y de diferentes características pero, las 5 situaciones, consiguieron producirme un dolor interno que, aún siendo distinto el alcance y las huellas, no dejaba de ser dolor y de dejar un recuerdo en mi memoria.
Caso 1
Mi hijo.
Duele. Los hijos, duelen. Eso es sabido y/o de fácil entendimiento por y para todos.
Mi hijo, en plena pre-adolescencia esta consiguiendo acabar con mi paciencia, decepcionarme y hacer que me pregunte a mi misma donde he fallado para que le falten valores, para mí, demasiado necesarios.
También soy consciente de que llevo al extremo mis conclusiones pero, no debemos pasar por alto que esta en un momento clabe para su evolución y formación como persona y, por eso, me supone más preocupante sus conductas.
Dolor porque tube que reconocer que me quedaba grande, para mi sola, encontrar soluciones, enfrentarme día a día a él, mantenerme firme.
Dolor por ver su respuesta ante un castigo dictatorial; al ver que, realmente no valora la mayor parte de las cosas que debería valorar.
Dolor tras sentir miedo por no saber encontrar o llegar a tiempo de remediar algunas actitudes o respuestas.
Mi hijo es bueno; no es porque sea mi hijo, es así, pero la generación de la que forma parte esta muy falta de un montón de cosas, culpa de sus mayores por supuesto.
Sin dramatizar, porque dramatizo, como buena madre, quiero tratar de corregir esos pequeños detalles que no le harán nada bien el día de mañana.
Un dolor causado por una preocupación desmesurada.























